martes, 19 de abril de 2011

Después de la vereda, los charquitos del asfalto se deforman con en paso de los coches, luego tiemblan, y luego vuelven a estar como antes. Más allá de la ventana abierta, dos gordos de camisa se toman un descanso del trabajo aflojándose la corbata, piden café y tostadas. Una moza mira el reloj, otra moza charla con el lavacopas, el calor agobia. La lluvia amaina un poco y recién ahora noto las chispitas de agua descansando sobre tu juventud y tu brillo, que son tu pelo. Pienso que la respuesta nunca llegará y pierdo mi clásica lividez en favor del carmesí, uno de los gordos dentro del bar me nota nervioso, te mira, pero justo le traen la comida, dejamos de interesarle. Bajo los nubarrones nos protege la terca toldería, por dentro, el beso.

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